En momentos de estrés, tristeza o ansiedad muchas personas sienten el impulso de comer.
La comida puede generar una sensación rápida de alivio. Sin embargo, las emociones que están detrás de ese impulso no desaparecen.
Por eso, más que intentar comer nuestras emociones, quizá necesitamos aprender a procesarlas de otra manera.
Podríamos decir que se trata de aprender a reciclar las emociones en lugar de comérnoslas.
Cuando la comida se convierte en regulación emocional
El cerebro busca naturalmente formas de aliviar el malestar.
La comida puede activar sensaciones de placer y calma, por lo que es fácil que se convierta en una estrategia rápida para gestionar emociones difíciles.
Sin embargo, esa regulación suele ser temporal.
La emoción sigue ahí.
5 formas de reciclar emociones
1
Nombrar lo que siento
Poner palabras a la emoción ayuda a reducir su intensidad.
2
Respirar y hacer una pausa
La respiración ayuda a regular el sistema nervioso.
3
Mover el cuerpo
Las emociones necesitan movimiento.
4
Escribir o hablar
Expresar lo que sentimos ayuda a procesarlo.
5
Descansar
A veces el cuerpo solo necesita parar.
Reconectar con nuestros estados internos
Muchas veces el impulso de comer no aparece solo por una emoción.
También puede surgir cuando estamos desconectados de nuestras señales internas.
Cansancio, saturación mental o falta de descanso pueden confundirse fácilmente con hambre.
Aprender a reconocer estos estados es una parte importante del autocuidado.
Escuchar en lugar de reaccionar
Cuando empezamos a observar lo que sentimos aparece un pequeño espacio entre la emoción y la reacción automática.
En ese espacio podemos elegir cómo cuidarnos.
A veces será comer porque realmente hay hambre.
Otras veces será descansar, respirar o pedir apoyo.
La comida nutre el cuerpo.
Las emociones necesitan ser escuchadas y acompañadas.
el bienestar empieza cuando aprendemos a reconectar con nosotros mismos.
A veces el primer paso es simplemente esto:
parar, respirar y volver al cuerpo.










